DEL CONOCIMEINTO NACE EL
AMOR...
La palabra clave para entender la personalidad
adicta, la de aquel o aquella persona que en algún momento
de su vida llega a depender de las sustancias psicoactivas
(alcohol, mariguana, cocaína, tranquilizantes, inhalantes,
etc...) es la de INMADUREZ. Esta es una característica tanto del
hombre como de la mujer adictos, y no tiene sentido
desconocer que durante toda su vida tendrán que luchar
en contra de esta peculiar manera de ser, o lo que es
igual: su inmadurez siempre será un obstáculo para que
logren vivir sobrios y libres de la influencia de las
drogas. Se puede abandonar la bebida, hacer
de lado la cocaína, o la mariguana, excluir de tajo
a los tranquilizantes y borrar todo deseo de ingerir
cualquier sustancia psicoactiva, pero...eso no va a
garantizar tranquilidad, ni paz, ni sobriedad, ni vida
satisfactoria, ni mejoría notoria en nuestras vidas.
Aún más: podemos conocer y practicar los programas de
los doce pasos (Alcohólicos Anónimos, Narcóticos Anónimos)
tener la aceptación de la enfermedad, haber sufrido
en carne propia lo que significa la verdadera derrota
y finalmente caer en cuenta de que hay un enemigo interno
que va a impedir el crecimiento, tan necesario para
cada adicto y tan divulgado y ofrecido por los programas
de los grupos de auto-ayuda ¿Cuál es ese enemigo interno?
En este folleto que tienes ahora en tus manos,
descubrirás de manera sencilla y paulatina, la naturaleza
exacta, los alcances y proporciones de un enemigo que
llevas a cuestas y que es un compañero indeseable (pero
real) en el camino a tu sobriedad. Es mejor que lo conozcas,
así no te tomará por sorpresa.
"Una parte de nuestra personalidad
se quedó trabada,
ya no se desarrolló..." REGRESAR
¿QUÉ ES LA
INMADUREZ?
Esta palabra, inmadurez, designa muchas
actitudes de las personas, a veces tantas que ya casi
cualquier respuesta humana es calificada como "inmadura".
Se dice de alguien que es inmaduro porque se comporta
como niño, porque hace berrinches, porque no ha logrado
alcanzar metas que se trazó en su vida o porque se "desvió"
de su camino o porque se intoxica con alcohol o porque
usa mariguana o porque sencillamente "no quiere crecer".
Bueno, todo esto es cierto pero no aclara completamente
la pregunta; más bien habla de los resultados o efectos
de la inmadurez, que en realidad son éstos que acabas
de leer, pero puede ser muchos más. ¿Podemos decir que alguien es inmaduro
porque no ha terminado su carrera, no quiere o no ha
podido titularse? Respuesta: Sí ¿Podemos decir que alguien es inmaduro
cuando es chismoso, intrigoso o "grilloso"? Respuesta:
Sí ¿Qué pasa con la gente a la que le
gusta hablar mucho y escuchar poco? Respuesta: Es inmadura. ¿Será cierto que es un signo de inmadurez
cubrirse el cuerpo con joyas para que los demás las
admiren y pregunten sobre como le hizo para conseguirlas?
Respuesta: Sí ¿Qué pasa con la persona que en su
despacho cuelga títulos y títulos de cursos, congresos,
talleres, seminarios y de otras actividades como para
asegurar a medio mundo que sabe mucho? Respuesta: Es
inmadura. Una persona que no sabe agradecer
lo que recibe de los demás, aunque sea compañía o amistad,
¿será inmadura? Respuesta: Por supuesto que sí. Y así podemos seguir, la lista puede
resultar interminable y también aburrida.Lo importante aquí es descubrir los
signos de inmadurez, es decir, todas aquellas características
y rasgos de la personalidad que por alguna razón nos
hacen sentir y conducirnos como niños a pesar de ya
no serlo.Podemos concluir que la inmadurez es
un conjunto de sentimientos, emociones y actitudes que
no concuerdan con la edad que se tiene. La sociedad
en la que vivimos, espera que nos comportemos de acuerdo
a la edad que tenemos y sí, por ejemplo, tenemos 15
años, pues ya no somos niños y no nos podemos comportar
como si lo fuéramos. Nuestra familia, amigos, compañeros
de trabajo o de universidad, esperan de nosotros conductas
adecuadas acordes a la edad que tenemos. Cuando no respondemos
como se espera que lo hagamos, podemos ganarnos con
todo derecho el epíteto de "inmaduros".Esto significa que no hemos crecido
emocionalmente, y una parte de nuestra personalidad
se "quedó trabada", ya no se desarrolló, ya no siguió
creciendo al mismo ritmo y velocidad que nuestro cuerpo.Y como pasa con todo en este mundo,
este crecimiento "truncado" trae como consecuencias
ciertos costos que hay que pagar por ello, pero también
ciertos beneficios o ganancias.
"El Rey de la casa, el bebé, empieza
a perder
privilegios y a ganar madurez" REGRESAR
SU MAJESTAD EL BEBÉ
Desde antes de nacer, el bebé está
rodeado de comodidades y atenciones: la madre responsable
se cuida para que su "producto" esté protegido. El padre
también lo cuida dando seguridad, ternura y cuidados
a la madre embarazada. Los dos aman con pasión al nuevo
ser y lo colman con atenciones para que su vida se inicie
bien. Podemos decir que la pareja "se olvida" de sí
misma para poner su atención en el ser que se está formando,
volviéndolo el centro de atracción y acción de sus vidas.
Eso es normal y es lo que se espera
que haga toda pareja. El bebé por nacer acapara -aún
sin saberlo-, atención, sueños, esperanzas, deseos.
Los padres esperan que nazca bien, saludable. Sueñan
que llegue a ser un hombre o una gran mujer. Desean
lo mejor para ella o para él y al hacerlo, se olvidan
de sí mismos en un acto de entrega casi absoluta, dando
lo mejor de sí para preparar la llegada de quien será
"el Rey" o "la Reina" del hogar. Esto es muy claro con
el primer hijo, pero la misma experiencia se repite
con los que siguen -si los hay. Así se espera que sean
los padres. Así son. Tiempo después llega el nacimiento,
la alegría inconmensurable, la euforia que no cabe en
las caras de los padres y el recién nacido llora porque
tiene que hacerlo para respirar, aunque algunos han
llegado a pensar que llora porque empieza a extrañar
el vientre de la madre, tan cómodo, tan cálido, tan
seguro, tan protector...Sin embargo, la protección va a continuar.
Y no es nada más protección, es sobreprotección, ya
que el niño no puede hacer nada por sí mismo. Va a seguir
existiendo la ternura de la madre, los cariños, las
canciones de cuna y todo lo que acompaña al recién nacido.
No está sólo, no puede estarlo, no
lo soportaría. Se le satisface de inmediato cualquier
demanda: hambre, sed, sueño, salud, tranquilidad, compañía,
seguridad. Lo que pide se le otorga al momento, como
en los cuentos infantiles donde el Rey pide, ordena
y todo el mundo obedece inmediatamente. Si no se le satisfacen sus necesidades,
llora, enferma, grita, está intranquilo y muestra su
inconformidad de alguna manera. Esta manera de comportarse, en un niño,
es normal. A medida que crezca va a aprender que sus
necesidades no pueden ser satisfechas en el momento
que quiera, ni en el lugar que quiera, ni con la persona
que él desee. Va a ir aprendiendo que hay lugares
en los que encontrará satisfacción a ciertas necesidades;
que hay momentos para hacerlo y que existen algunas
personas que pueden satisfacer muchas de ellas, pero
no todas y no siempre, y no cualquier persona. Así va a aprender que, por ejemplo,
los alimentos se toman en la cocina o en el comedor,
que hay lugares en la casa donde la gente duerme, que
en la habitación de los padres no puede entrar con facilidad,
que la casa de los vecinos no es suya. También aprende
que aunque tenga hambre, hay horas para comer, la noche
es para dormir y que si se siente mal puede acudir con
sus padres para que lo atiendan; no con cualquier persona.
A todo esto lo llamamos MADURACIÓN. Después puede aprender que hay normas
que debemos respetar, que hay un Dios, que hay ciertas
cosas que no se "deben" hacer porque son malas y que
hay otras buenas que atraen beneficios a los que las
hacen. El Rey de la casa, el bebé, empieza
a perder privilegios y a ganar madurez; pierde dependencia,
gana autonomía, pierde omnipotencia, gana humildad.
Puede moverse, hablar, pensar y hacer
muchas cosas por sí solo, sin ayuda de los padres. Todos vivimos este crecimiento, este
proceso de "maduración" que nos conduce hacia la capacidad
de decidir por nosotros mismos, de responsabilizarnos
de nuestros propios actos. Todo esto es la madurez:
perder privilegios, comodidad, perder la oportunidad
de que otros hagan todo por nosotros y ganar capacidad
de decisión, seguridad, auto-estima y valor para enfrentar
el mundo, la vida en general con todos sus compromisos,
las necesidades personales que ya no las satisfacen
los padres ni de forma inmediata, sino otra gente y
aprendiendo a esperar el momento adecuado, escogiendo
el lugar y la persona o personas idóneas.
"Normalmente son impredecibles y
no se sabe como van a reaccionar" REGRESAR
EL ETERNO BEBE: CARACTERÍSTICAS
La persona inmadura o "eterno bebé"
va a intentar, de muchas maneras, obtener lo mismo que
el niño recién nacido o, aún más, el que vivía en el
seno materno. Va a luchar por alcanzar la seguridad
que daban los padres sin hacer mucho esfuerzo. La persona creció físicamente, su cuerpo
aumentó de tamaño y grosor, camina, hace travesuras,
tiene amigos, va a la escuela, le cambia la voz, va
a la universidad, trabaja, se enamora y se casa y...continúa
funcionando con los mismos sentimientos y actitudes
que tenía cuando era un bebé: quiere que le satisfagan
sus necesidades "aquí y ahora". Sigue sintiéndose omnipotente
y espera que a una señal o ante un gesto suyo, la gente
entienda y sirva.
Los "eternos bebés" muestran una serie
de características muy amplias y complejas. No tienen
que poseer todas, pero es fácil reconocer algunas o
muchas de ellas. Vamos a señalar las más importantes:
1.
Tienen una profunda necesidad de ser aceptados y
muchas veces pierden su identidad al esforzarse
por caerle bien a todo mundo.
2. No soportan que se les critique ni que se les
señalen sus errores. Inmediatamente se ofenden y
se enojan con la persona que se atreve a señalarles
algo.
3. Comúnmente son personas muy solitarias a pesar
de que mucha gente los quiere y los busca.
4. Son muy quejumbrosos y acostumbran culpar a los
demás por lo que les sale mal.
5. Juzgan la vida en términos absolutos y extremosos:
o es negro o es blanco, o está bien o está mal.
6. Viven en el pasado y con mucho miedo al futuro.
7. Sueñan con grandes proyectos en su vida (amorosos,
económicos) pero tienen una gran incapacidad para
ponerlos en práctica.
8. Se obsesionan por el dinero y por las cosas materiales.
9. No toleran el estar enfermos ni que sus seres
queridos sufran de alguna dolencia o enfermedad.
10. Creen firmemente que las reglas, normas y leyes
son para todo el mundo, no para ellos.
11. Muchas veces se vuelven adictos a las emociones
fuertes, les gusta la vida llena de riesgos, y no
están a gusto a menos que estén causando problemas
a los que los rodean.
12. Tienen una muy baja capacidad para tolerar la
frustración que les produce el que las cosas no
salgan como ellos quieren.
13. Tienen capacidad para ser muy buenos actores
y mostrar toda la gama de sentimientos y emociones
posibles sin vivirlos realmente.
14. De alguna manera tratan siempre de ser el centro
de atención en cualquier lugar, incluyendo el hogar
familiar.
15. Casi siempre sienten que sus padres trataron
mejor a algún hermano o hermana, y no a ellos.
16. Normalmente son impredecibles y no se sabe como
van a reaccionar.
17. Tienen muchas dificultades para expresar sus
verdaderos sentimientos y una gran habilidad para
ocultarlos o transformarlos.
18. Son muy celosos y posesivos.
19. Son muy sensibles para detectar los verdaderos
sentimientos de los demás. No es fácil engañarlos.
20. Les desagrada aceptar y entender que sus actitudes
tienen consecuencias sobre sí mismos y sobre los
demás.
21. Aprenden poco o casi nada de sus propias experiencias.
22. No tienen metas claras en su vida y les cuesta
esfuerzo trazarlas.
23. Cuando tienen problemas, los niegan, les sacan
la vuelta o se burlan de ellos.
24. No saben esperar.
25. Normalmente son envidiosos.
26. Son egoístas.
27. Son crueles con las personas que más quieren.
28. Son dependientes de los demás y nos les agrada
aceptarlo.
29. Pregonan cosas sobre sí mismos que poco o nada
tienen que ver con su realidad (que son muy valientes,
sexualmente muy potentes o cosas así).
"Les gusta la vida llena de riesgos,
y no están a gusto a menos
que estén causando problemas a los que le rodean" REGRESAR
EL PROBLEMA CENTRAL
Las personas que son adictas o dependientes
a una o varias sustancias psicoactivas sufren debido
a su inmadurez, a causa de ese eterno infante, egoísta
y demandante, que llevan consigo. Su inmadurez constituye
un enemigo implacable y no obstante, tienen que conocerla
a fondo si quieren derrotarla, y tienen que derrotarla
si quieren sobrevivir. Conviene insistir y subrayar que la
inmadurez es un enemigo muy poderoso: tan activo e incansable
como un niño de cuatro años, cuya vitalidad parece no
conocer límites y cuyas demanda son tan grandes que
nada ni nadie puede satisfacerlo del todo. Hay que recordar, también, que todos
-de alguna manera-, llevamos un niño dentro de nosotros
que ocasionalmente aflora y llega a mostrarse. Su exhibición,
sin embargo, no dura mucho pues la parte madura de nuestra
personalidad lo controla y consigue regresarlo a su
lugar. Eso en circunstancias normales porque
en el caso contrario, cuando una sustancia psicoactiva
afecta nuestra personalidad, sucede un extraño fenómeno:
la parte madura se debilita y la parte infantil adquiere,
con el alcohol o la droga, un poder casi absoluto, poder
que emplea en reclamar el mal trato que se le dio; en
exigir atención inmediata y exclusiva; en manipular
las culpas de quienes no lo tomaron en cuenta o de la
manera que él quería; en organizar su vida y la de su
familia conforme a los vaivenes de sus caprichos. Por ello se dice que en muchos adictos
el eterno infante es consecuencia del efecto que la
sustancia adictiva ejerce sobre su personalidad y que
es ella la que "lo crea" o "lo hace nacer". Y de ahí,
también, que a medida que pasa el tiempo y aumenta el
nivel de intoxicación, la madurez desaparece gradualmente,
dejando camino franco para que el eterno bebé imponga
sus absurdas e irracionales demandas e implante su reino
de inmadurez, egoísmo, envidia y destrucción. Y lo más grave es que ese niño terrible
ya no es del todo un niño: tiene un cuerpo más fuerte
y posee más conocimientos y habilidades de las que tenía
en sus primeros años de vida. Su resistencia es también
mucho mayor y regresa poderoso, seductor, sin temor
a nada ni a nadie, inteligente y bello. Es, así, casi
tan peligroso como un dios.
"Las personas que son adictas o dependientes
de una o
varias sustancias psicoactivas sufren debido a su
inmadurez, a causa de ese eterno infante,
egoísta y demandante, que llevan consigo". REGRESAR
LAS DOS CARAS DEL ETERNO
INFANTE
La sustancia psicoactiva de la que
el adicto depende, va a mostrar que la persona tiene
dos caras. Por norma general una oculta a la otra,
es decir: una es una máscara y la otra es real. Si el
adicto se muestra débil, lo más seguro es que sea más
fuerte. Lo mismo sucede con la seguridad, la ternura,
la confianza. En el fondo seguramente encontraremos
todo lo contrario. Estas dos caras no las puede ver tan
fácilmente el adicto, aún y cuando no esté intoxicado.
Con el fin de protegerse de los demás
y proteger su droga, el adicto va a crearse un personaje,
una máscara que va a mostrar a los demás, y que generalmente
encubre exactamente lo contrario de lo que aparenta.
Con ejemplos se va a entender todo esto: Primer Personaje: EL (LA) POPULAR
Cara 1 (falsa): Si soy agradable, atractivo, magnético
y la crema de las fiestas, todo el mundo va a querer
ser mi amigo(a).
Cara 2 (verdadera): Realmente no soy atractivo, más
bien feo (o fea). Es muy cansado estarle sonriendo a
todo el mundo. Al final se van a dar cuenta de todo. Segundo Personaje: EL (LA) AUTORITARIO(A)
C ara 1 (falsa): Si me obedecen ciegamente y se dejan
guiar por mí, yo les voy a enseñar como enfrentar y
solucionar problemas.
Cara 2 (verdadera): Realmente no sé mandar ni obedecer.
Tampoco me gusta hacer ninguno de esos papeles. Pero
prefiero que me obedezcan, que cumplan mis deseos, sobre
todo cuando se trata de que me consigan alcohol o cualquier
droga. Me enojo fácilmente si no lo hacen. Tercer Personaje: EL (LA) AMANTE
IDEAL
Cara 1 (falsa): Nadie se me resiste. La gente del sexo
opuesto está irremediablemente condenada a admirarme
y desearme. Gran parte de mi atractivo consiste en que
no los (las) respeto y eso les gusta. Si les preguntan,
dirán que como hombre (mujer), soy lo máximo.
Cara 2 (verdadera): La verdad es que soy inseguro(a)
con los demás, además de que soy incapaz de mantener
una relación duradera y estable. A medida que pasa el
tiempo, mi vida sexual se vuelve tediosa y nada gratificante
tanto para mí como para mis(s) pareja(s). Cuarto Personaje: EL (LA) REBELDE
SIN CAUSA
Cara 1 (falsa): Siempre me gusta hacer las cosas a mi
manera, no me agrada oír consejos de nadie. Las reglas
fueron hechas para los demás, no para mí que soy tan
diferente. Que a nadie se le ocurra decirme lo que no
debo hacer porque eso me ofende y provoca que finalmente
lo haga a pesar de que esté prohibido.
Cara 2 (verdadera): Todo lo que me interesa es ser el
centro de atracción de los demás. Necesito que la gente
me acepte y creo que solamente enojándose conmigo, me
toman en cuenta. Quinto Personaje: LA VÍCTIMA
Cara 1 (falsa): Me intoxico con alcohol o drogas porque
de niño(a) me trataron mal. Mi vida ha estado llena
de sufrimientos y congojas. Nadie me ha comprendido.
Pobre de mí. Si muestras que tienen pena por mí, es
que realmente me quieres.
Cara 2 (verdadera): La realidad es que confundo amor
y pena y prefiero sufrir para que los demás traten de
salvarme, a esforzarme en amar a alguien. Además casi
todo el mundo muerde el anzuelo cuando ven a alguien
que ha sufrido tanto y llegan a comprender los "verdaderos"
motivos de mi adicción. Sexto Personaje: EL (LA) PERFECCIONISTA
Cara 1 (falsa): No cometo errores, soy un (una) excelente
hijo(a), hermano(a), padre (madre), trabajador(a). Mi
vida es ejemplar. La gente, mi familia, deberían fijarse
en mí e imitarme. En todo lo que hago, soy el (la) mejor.
De eso no hay duda.
Cara 2 (verdadera): Mi imperfección es tan grande y
tan notoria que no quiero que nadie se dé cuenta. No
soporto que nadie me gane ni que mi familia o que mi
pareja quieran a otros (otras) más que a mí. Séptimo Personaje: EL (LA) SIEMPRE
FELIZ
Cara 1 (falsa): Como todo me sale bien en esta vida,
en las reuniones o fiestas, a todo mundo divierto. Siempre
soy el alma de los convivios. Siempre me invitan para
que les levante el ánimo a todos. Todo mundo me quiere
y admiran mi buen humor.
Cara 2 (verdadera): Siempre estoy esforzándome por aparentar
que estoy libre de tensiones y depresiones profundas.
No me agrada que me vean triste. Tengo miedo de que
me rechacen. Aunque todo esto me cuesta mucho esfuerzo
y me cansa. En realidad soy muy pesimista. Octavo Personaje: EL (LA) DEMANDANTE
Cara 1 (falsa): A veces de manera muy clara y explícita,
usando mis propias palabras pero también con gestos
obligo a la gente a que satisfaga alguna de mis necesidades.
Muchas veces son cosas triviales o irrelevantes, pero
yo quiero que me complazcan. Si no lo hacen es prueba
de que no me quieren.
Cara 2 (verdadera): En realidad, las cosas que hace
la gente por mí o para mí, me satisfacen poco o casi
nada porque no son NECESIDADES, son puras demandas irracionales
cuyo único objetivo es tener a las personas cerca de
mí, no me gusta sentirme solo(a).
"Surge de ahí un círculo vicioso
sin fin que obliga a pagar
un precio muy alto y por partida doble..."
REGRESAR
COSTOSO ESPECTÁCULO
DE LAS CARETAS
Tarde o temprano, según el caso, la
gente que rodea al alcohólico o al adicto se da cuenta
del juego de las representaciones y termina por no prestarle
atención; por no dejarse manipular; por rehuirle para
no involucrarse. Si ama a la persona enferma, quizá
se quedará a su lado, y aunque su afecto está bien cimentado
muy a menudo termina por apartarse o cuando menos, por
reducir su relación al mínimo. Muchos adictos a las drogas, y otros
tantos alcohólicos afirman que el principal motivo u
origen de su problema es o fue la soledad. Hay que ser cuidadosos con esta afirmación.
La verdad es que ellos (ellas) mismos (mismas) la provocaron
empujando a la gente a alejarse. Esta soledad también les sirvió en
muchísimas ocasiones como una excusa excelente para
intoxicarse. Pero hay un momento en que el alcohólico
o el adicto a las drogas siente el rechazo o el abandono
de sus seres queridos o de los que le rodean. Esto produce
frustración, tristeza, enojo, resentimiento y constituye
además una excusa magnífica para beber o drogarse. Surge de ahí un círculo vicioso sin
fin que obliga a pagar un precio muy alto y por partida
doble; las drogas o el alcohol alejan a las personas
queridas, y su lejanía constituye una excusa para seguir
en la dependencia del alcohol o las drogas.
"Al cerrarse el círculo, las consecuencias
pueden ser fatales" REGRESAR
LA COMBINACIÓN EXPLOSIVA
Y MORTAL
La soledad tramposa en que el alcohólico
y el adicto se encierran, los va a privar de la calidez
y la ternura de sus seres queridos que prefieren abstenerse
de expresar sus nobles sentimientos y se vuelven fríos
o distantes. El eterno infante necesita verdaderamente
estos afectos básicos y va a proceder a buscarlos por
otros lados, con otra gente pero con idénticos resultados.
La sensación de placer, confort y alivio de su soledad
los encontrará en el alcohol o en las drogas, cualesquiera
que éstas sean. Con el tiempo, este sentimiento de
abandono, más la sustancia que ingresa al organismo
resultarán en una combinación satisfactoria para el
eterno infante que recurrirá con frecuencia a la fórmula
mágica que le llenará el vacío interior que lo atormenta.
Al cerrarse el círculo, las consecuencias
pueden ser fatales.
"...La negación es un camino que
se bifurca en dos:
uno de ellos conduce al deterioro de la vida mental
el otro, breve y doloroso, hacia la muerte" REGRESAR
AQUÍ NO PASA NADA
El bebé, hasta casi los 4 años de edad,
no tiene problemas. Los padres se los resuelven y hasta
adivinan los que podrían presentársele. Esto es un hecho
real y necesario hasta cierto momento. Pero nuestro
eterno infante que ya creció físicamente, pero que se
intoxica con frecuencia ya sea con alcohol, mariguana,
cocaína, sedantes, etc., también se va a comportar de
igual manera. Sus problemas no existen, la gente
tiene la obligación de velar por él (ella) y de arreglarle
sus conflictos y solucionarle las tareas u obligaciones
que le corresponden, o aquellas que se echó a cuestas
por sentirse poderoso y muy capaz. Así, de manera insidiosa, va desarrollándose
la NEGACIÓN. Este fenómeno tan conocido de la NEGACIÓN
se refiere a que la persona no acepta ni se quiere dar
cuenta de los efectos que produce su adicción al alcohol
o a las drogas, tanto a sí mismo como a los que lo rodean.
¡Y vaya que sí hay efectos desastrosos! Mencionemos
los daños al organismo, la confusión de los sentimientos,
la preocupación de la familia, la pérdida de amistades
o de trabajos, el irremediable deterioro del sistema
de valores, etc., etc. Para que un alcohólico o un adicto
a las drogas acepte que tiene un problema grave (o muchos)
que puede conducirlo a una locura y a la muerte, tendrá
que abstenerse de la sustancia que le sirve para intoxicarse
y eso es muy difícil, aunque no imposible. Otra parte de la NEGACIÓN es el rechazo
a aceptar que necesita ayuda para lograr la abstinencia
que el individuo por sí mismo, no va a lograr (la famosa
fuerza de voluntad, el "yo puedo solo", son parte de
la negación). Aunque intente separarse de la sustancia
tóxica y controlar su compulsivo deseo por el alcohol
o las drogas, éste es siempre más fuerte que los buenos
deseos o las promesas. ¿Cuántas veces es necesario que el
padre o la madre le digan al niño pequeño lo que no
está bien que haga?¿Cuántas veces será necesario decirle
al alcohólico o al adicto que no está bien lo que hace
o que lo que hace tiene consecuencias negativas?Tanto en el primer caso como en el
segundo, la respuesta es: muchas, muchísimas veces,
hasta que el cansancio gane y aún así, más veces. Lo complejo de la negación es que echa
raíces tan profundas en la personalidad que la persona
adicta no presta atención ni a los hechos ni a las palabras
que le señalan que tiene problemas. La necesidad de
alcohol o drogas es tan fuerte que acalla cualquier
otra necesidad personal o cualquier voz ajena que reclame
un mejor trato. Recordemos al niño, si no se le satisfacen
sus necesidades más apremiantes (hambre, sed, sueño),
va a reaccionar con llanto, gritos o violentándose.
Además, no aceptará sustitutos o mentiras. No es fácil
engañarlo. Nuestro eterno infante va a reaccionar igual,
pero con mayor intensidad. El punto extremo de esta
reacción emocional es el negarse a aceptar que su necesidad
puede satisfacerse con otras cosas, con personas, y
no con sustancias que lo intoxican. El punto extremo es la NEGACIÓN, final
de un camino que se bifurca en dos: uno de ellos conduce
al deterioro de la vida mental (locura) y el otro, breve
y doloroso, hacia la muerte.
"...El torbellino sin fin de esta
enfermedad
que no tiene fondo" REGRESAR
EL TORTUOSO CAMINO DE REGRESO
A medida que pasa el tiempo y que las
intoxicaciones aumentan en frecuencia y en intensidad,
la persona adicta al alcohol o a las drogas, va a "involucionar",
es decir, va a comportarse, cada vez más, como adolescente
o como niño, según sea el caso. Su mente emprenderá
un camino hacia el pasado, hacia la vida infantil, aunque
su cuerpo y su necesidad de intoxicarse siguen creciendo
(es lo único que realmente evoluciona). No es posible
que haya crecimiento o enriquecimiento de la personalidad
si hay de por medio abuso o dependencia de alcohol o
drogas. decimos que sucede lo contrario a las leyes
naturales del desarrollo humano.Este camino de regreso en algunos casos
ya no ofrece otra salida más que la de la destrucción
total de la persona adicta. El tiempo que va a tomar
recorrerlo es desconocido. A algunas personas les toma
algunos meses y a otras, muchos años. Por desgracia
no es un camino que se recorre solo (ya que el eterno
infante al igual que el niño no soportan la soledad)
sino que se acompaña de personas queridas, cercanas,
interesadas en salvarlo y que por estar emprendiendo
esta lucha titánica de rescate se olvidan de sí mismos
sumergiéndose en el torbellino sin fin de esta enfermedad
que no tiene fondo.
"Pero hace falta el auto-conocimiento".
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LOS OBSTÁCULOS
Mientras no se renuncie por completo
al alcohol o a las drogas, no hay razón para esperar
cambios duraderos. No basta con que el alcohólico o
el adicto cambien su manera de comportarse: si lo único
que han conseguido es intoxicarse un poco menos, o lo
hacen ya sólo de vez en cuando, el problema sigue siendo
el mismo. Mientras no abandonen totalmente la sustancia
de la que dependen no puede haber esperanzas reales
de cambio. Esta es una realidad que tiene que aceptarse
y de ahí que el paso más inmediato sea acudir a los
grupos de autoayuda, cuya asistencia constante permite
compartir la carga y encontrar soluciones para el diario
vivir. Pero hace falta el auto-conocimiento...el
revelar y exponer a la clara luz del día los conflictos
que condujeron a las intoxicaciones no hace que las
dificultades desaparezcan por arte de magia. Cada persona
tiene que descubrirlas por sí misma, en su interior,
identificarlas y darles una jerarquía que le permita
luchar con ellas una a una. Si antes del período de abuso del alcohol
o de las drogas existían problemas personas e interpersonales,
éstos crecieron, se magnificaron. Si no existían, aparecieron
y sirvieron de justificación o excusa para seguir intoxicándose.
En cualquiera de las dos situaciones, hay que aclararlos,
enfrentarlos y oponerles armas sencillas pero efectivas
para desbaratarlos, o al menos, para controlarlos. El
problema central será la inmadurez, pero nunca viene
sola. A través del tiempo se enredó con otros problemas
y conflictos convirtiendo a la persona adicta en una
maraña de complicaciones que parecen no tener pies ni
cabeza. Realmente, la inmadurez tiene muchas caras.
Cada persona tiene que descubrirlas en sí mismo, identificarlas
y jerarquizarlas para poder irlas trabajando. La omnipotencia, los resentimientos,
la ansiedad excesiva, la confusión de los sentimientos,
la poca tolerancia a la frustración, el falso orgullo,
la desconfianza, la inseguridad, la capacidad de evadir
los problemas, son sólo algunas de las caras de la inmadurez.
Cada persona puede y debe identificar las propias, las
suyas. Cada persona es diferente y los conflictos asociados
a su adicción también son diferentes.
"Este triángulo es como una barca
de salvación
en donde protegerse o asirse cuando
l a tempestad arrecia"
REGRESAR
EL TRIÁNGULO PERFECTO
Abandonar la sustancia (alcohol, drogas),
asistir a los grupos como Alcohólicos Anónimos, Narcóticos
Anónimos y autoconocerse, son los puntos básicos, las
armas elementales y necesarias para encerrar al eterno
infante en un lugar en el que no dé tantos problemas
(en lo más recóndito del alma) y así facilitar el crecimiento
al que nos empuja la vida. Si algún adicto al alcohol
o las drogas no completa las 3 fases de este movimiento
hacia la supervivencia, lo más probable es que no crezca.
Se puede trazar uno solo de los ángulos y el resultado
será siempre insatisfactorio. Hay gente que cree que
el puro auto-conocimiento va a salvarlo (este es un
tipo de persona que se cree un dios) o que el solo hecho
de dejar de beber o de drogarse le va a permitir manejar
su vida. También existe el que deja de usar su sustancia
tóxica favorita, asiste a los grupos de auto-ayuda pero
no le interesa conocer su alma. ¿Qué puede pasar si
no se completa el triángulo? La respuesta es sencilla:
la persona sigue deseando intoxicarse y por desgracia,
lo hará nuevamente tan pronto como haya un problema
que no pueda enfrentar o tolerar. Si realmente se quiere mejorar, vivir
una vida más tranquila y crecer en serio, es necesario
completar el triángulo, cerrarlo, repasarlo día con
día, sin treguas. Para esto de las adicciones, no existe
descanso ni excusa alguna. La compulsión, la necesidad
imperiosa de volver a beber, a fumar mariguana, a inyectarse
cocaína o a tomar o a inhalar cualquier otra sustancia
psicoactiva, es enorme, tiene el ímpetu y la fuerza
del mar embravecido y no es nada fácil detenerlo. Este
triángulo es como una barca de salvación en donde protegerse
o asirse cuando la tempestad arrecia. Una de las tres caras del ángulo es
el que hoy ocupa: el conocerse a sí mismo. La tarea
tiene que ser constante, volverse un hábito, practicarlo
todos los días, desde que amanece. En este lado del
crecimiento existen personas capacitadas que pueden
ayudar (sacerdotes, consejeros, psicoterapeutas, psiquíatras,
etc.) señalando las caras de la inmadurez. En los grupos
de auto-ayuda existen los padrinos.
"Siempre habrá una mano abierta y
tendida muy cerca" REGRESARLA BUENA COMPAÑíA
Resumiendo: hay varias maneras de crecer,
varios métodos. Hasta aquí hemos mencionado tres muy
concretos, cada uno de los cuales implica un esfuerzo
no mayor que el deseo de vivir bien. Si se decide a
recorrer el arduo camino de regreso hacia la madurez
-camino que no se recorre solo-, no olvide que este
proceso estará lleno también de compañías cálidas, afectuosas
y comprensivas. El alcohólico o el adicto que quieren
dejar de serlo no están solos. Siempre encontrarán a
su lado a un familiar o a un amigo capaces de entender
el problema porque también sufren, un Poder Superior
que protege, que ama al hijo descarriado y lo perdona.
En fin, que el crecimiento, que es
una obligación de cualquier ser vivo, es posible, no
es una ilusión o una tarea que requiera esfuerzos sobrehumanos.
Para el que quiere crecer, siempre
habrá una mano abierta y tendida muy cerca del remolino
de la enfermedad y pisando tierra firme. Es sólo cuestión
de pedir ayuda. Lo demás, poco a poco, irá apareciendo.
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